abalorios.us
La acción Formativa
Indice
Introducción
Planificación
Ejecución
Control
Bibliografía
 
 
 
 

 


APRENDIZAJE Y MOTIVACIÓN

La motivación, es decir, ese conjunto de procesos implicados en la activación, dirección y persistencia de la conducta, es fundamental para cualquier actividad humana, también para mantener el esfuerzo continuado que implica el aprendizaje. No se llegaría tampoco al cambio de conducta que requiere todo aprendizaje si esta motivación no existiera. El docente debe buscar la manera de mantener la conducta del alumno dirigida hacia el aprendizaje.
Las medidas motivadoras de la didáctica tradicional se han basado fundamentalmente en un modelo conductista de aprendizaje en la que los premios o castigos ejercían de refuerzos, positivos o aversivos, según la conducta fuera a reforzar o a extinguir. Más deseable que el castigo sería premiar las conductas incompatibles con la que provoca el castigo, si lo que queremos es que un alumno no interrumpa la clase premiarle precisamente cuando no lo haga y no castigarle cuando lo haga, o premiar los primeros pasos de acercamiento de un alumno hacia la conducta deseada. En el peor de los casos, si se aplica un castigo, con todos los riesgos de ineficacia que puede conllevar, ha de aplicarse de forma inmediata y con criterios claros, equitativos, sin arbitrariedades ni preferencias o animadversiones personales.
Un enfoque cognitivo del aprendizaje nos lleva a preguntarnos qué es lo que provoca que el alumno se comporte como lo hace. Investigar y conocer las necesidades que el alumno busca satisfacer con su aprendizaje nos darán mucha luz sobre la manera de motivar a ese alumno. Puesto que las personas somos cada una diferentes, cada uno necesitará de diferentes estímulos para ser motivado.
Alonso, Gallego y Honey clasifican a las personas por sus estilos de aprendizaje, es decir, por esos rasgos que indican como las personas interaccionan y responden a sus ambientes de aprendizaje. Así hay personas más prácticas a las que situaciones de aprendizaje excesivamente teóricas o reflexivas no motivaran. Los hay también, por tanto, teóricos, reflexivos, y activos. Estos últimos son los que necesitan siempre de las actividades y ejercicios prácticos y de aplicación. Variar las situaciones de aprendizaje en un curso para abarcar los cuatro estilos contribuirá a la amenidad y el atractivo del curso compensando desequilibrios.
La presentación sugerente de los contenidos, la sensación que tengan para el alumno de aplicabilidad, la estructuración clara, la percepción de progreso en el aprendizaje, las relaciones entre los alumnos, el clima del aula o el carisma del docente son factores comunes a todos los alumnos que afectan a la motivación y por tanto al rendimiento.
Algunos alumnos se comportan llevados de un deseo de éxito. Por eso preguntan continuamente si lo están haciendo bien. Asignarles tareas cada vez más difíciles, que supongan un reto para ellos y con objetivos desafiantes pero realistas les mantendrá en acción.
Otros alumnos experimentan la situación de aprendizaje como estresante y lo que desarrollan es el miedo a fracasar. Asignar tareas fáciles, aumentando progresivamente su dificultad, recordar los logros y progresos fortaleciendo su autoestima, su confianza y seguridad y evitar situaciones en las que tengan que competir aumentará su motivación.
Es importante conocer también a qué causas atribuyen los alumnos sus éxitos o fracasos. Si el alumno piensa que su éxito o fracaso es una cuestión de suerte (mala o buena), entonces no puede controlar o cambiar esa circunstancia. Aunque haya tenido éxito esto no aumentará su confianza para tareas futuras porque, según él, sólo ha sido cuestión de suerte. No obstante si atribuye su éxito o fracaso al esfuerzo realizado esto sí es algo controlable por él mismo y el docente deberá valorar ese esfuerzo o insistir, en el caso de un fracaso, en que ese esfuerzo debe ser mayor. Cuando el alumno piensa que su fracaso o falta de rendimiento y progreso se deriva de su falta de capacidad tampoco puede controlarlo y su esfuerzo disminuirá por la falta de confianza. Aunque el alumno lo haga consigo mismo el docente nunca debe atribuir el fracaso del alumno a su falta de capacidad. Hay que procurar resaltar el esfuerzo que el alumno hace tratando de que sea en ese esfuerzo, y no en la capacidad, donde él base su éxito. Es preferible que el docente muestre un cierto enfado por su falta de esfuerzo para que ellos experimenten un cierto grado de culpa y en el futuro se esfuercen más, que mostrar piedad que provoque sentimientos de incompetencia por su falta de capacidad.

 

Inicio | Conócenos| PHP-Nuke |Moodle |Wordpress | Contacta
© 2007 Fernando Gómez. maues@abalorios.us