EL GRUPO EN FORMACIÓN
En el tiempo que dura un curso los alumnos, como es lógico, se relacionan entre sí, así como con el docente. De la calidad de estas relaciones que por otro lado van cambiando a medida que transcurre el tiempo depende en gran medida el rendimiento de los alumnos. El análisis de estas interacciones espontáneas se conoce como dinámica de grupos. Es competencia del docente sentar las bases para que el sentido que tomen esas relaciones sea favorecedor al rendimiento de todos y cada uno de los alumnos, a pesar de los conflictos o dificultades que en toda convivencia humana han de surgir.
Tanto el estilo de liderazgo o conducción ejercido por el docente como una comunicación abierta y respetuosa por parte de todos contribuyen a que esa dinámica que se establezca sea adecuada a los objetivos que se persiguen. La creación de un clima de trabajo distendido y las relaciones afectivas entre el grupo de alumnos, la sensación de estar integrado en el grupo y la percepción de ir progresando en la consecución de los objetivos facilitará también el sentimiento de cohesión, de unión, en definitiva de compañerismo. La motivación, el rendimiento individual aumenta como producto de esa cohesión grupal, de ese apoyo mutuo, de la colaboración entre todos.
La facilitación al aprendizaje no llega solo por la labor realizada por el docente sino también por el ambiente de trabajo creado. Sin embargo, una presión de grupo excesiva ejercida sobre las aportaciones individuales haría disminuir la motivación en el alumno y con ella su participación.
Se pueden distinguir tres etapas en la formación de un grupo:
FASE INDIVIDUALISTA: Al no conocerse entre sí los alumnos tratan de saber qué conductas serán aceptadas en el grupo, cómo comportarse, cuáles serán las reglas o los límites. Aquí la participación es escasa, vacilante, probando el ambiente humano y las reacciones de unos y otros. Los problemas surgen por la necesidad de orientación y derivados de la tarea misma.
En esta etapa el docente debe asumir su papel orientador y presentar tareas o situaciones muy estructuradas donde cada alumno sepa muy bien lo que tiene que hacer y pueda dejar de preocuparse por eso. Es el momento en que los alumnos más necesitan de un conductor u organizador que les indique el camino. Si la sensación de desorientación dura mucho surgirán las primeras frustraciones, con el riesgo de que pierda el docente la confianza de los alumnos por no ejercer de guía efectivo. Será importante también dejar claras las normas del curso, independiente de otras normas sobre lo que esté o no permitido y que surjan espontáneas en el seno del grupo. Establecer en este primer momento los canales adecuados de comunicación y crear un clima agradable de grupo será fundamental.
FASE DE IDENTIFICACIÓN PROGRESIVA: Debido al conocimiento progresivo los alumnos hacen una valoración del resto de sus compañeros, se tiene ya algo más que una primera impresión y se tiende a formar parejas, o subgrupos, de acuerdo a las diferentes simpatías que se tengan unos a otros. La comunicación no es todavía del todo abierta y espontánea, hay aún imposiciones o defensas extremas de puntos de vista. En definitiva es una autoafirmación del alumno, una demostración al grupo de quién es él, qué papel va a desempeñar, cómo tiende a comportarse y reaccionar. Cada uno de los alumnos valora interiormente el comportamiento y las actitudes de los otros y toma sus decisiones.
Es la etapa en la que surgen los conflictos entre las personas. De la forma en que se resuelvan dependerá que el grupo llegue a la etapa deseable de cohesión. El docente debe estar atento a las reacciones de los alumnos, los posibles roces entre unos y otros, las personas que mejor trabajan juntas, recordar las normas de trabajo si fuese necesario y no permitir las faltas de respeto. Pero el docente no debe ser demasiado intervencionista, a veces la no aceptación de un comportamiento o una actitud de un alumno por parte del grupo hace que este la cambie por sí solo. En la medida en que sentirse integrado en el grupo favorezca a sus propios intereses y necesidades. En cualquier caso el docente tratará de reforzar los comportamientos deseables y respecto a los comportamientos poco colaboradores o positivos investigar sus causas y si puede, poner remedio.
FASE DE COHESIÓN: El grupo se siente como tal y hay un alto grado de colaboración y entusiasmo a la vez que un sentido crítico y abierto respecto a las tareas. En la medida en que se reconoce el valor de las aportaciones individuales los alumnos se sienten satisfechos e integrados en el grupo, aumenta la confianza del grupo en sus posibilidades, aumenta la eficacia y el rendimiento.
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