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La acción Formativa
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Control
Bibliografía
 
 
 
 

 


EL CONTROL.

EVALUACIÓN DE ACCIONES FORMATIVAS

La evaluación ha de entenderse como un control de calidad de la acción formativa. Se trata de comprobar el correcto funcionamiento del proceso y poder certificar la calidad del producto final. No obstante, la mera evaluación certificativa, por la que se obtuviera el diploma, no debiera ser la única ni la más importante. Se hace preciso un control continuo del aprendizaje durante todo el proceso de formación, a fin de poder subsanar los errores, los progresos inadecuados, mientras aún hay tiempo. Este tipo de evaluación más fundamental y necesaria se conoce por evaluación continua.

La objetividad es una de las condiciones más necesarias para una evaluación eficaz. Implica que los criterios por los que vamos a evaluar estén previamente determinados y no influyan en nuestro juicio ningún factor ajeno (emocionalidad, cansancio, …) a la característica o elemento que pretendemos evaluar.

Dejarse llevar por impresiones falsas o no suficientemente contrastadas, o confundir como propio de todo un grupo lo que solo nos consta de unos pocos redundará en la objetividad con que nos acercamos al proceso de evaluación. De igual manera serán perniciosas las ideas preconcebidas, los prejuicios o dejarse llevar por estereotipos.

Sería deseable que la evaluación del aprendizaje la llevase a cabo un experto distinto a aquel que impartió el curso. De esta manera el riesgo de dejarse influir por ser juez y parte del proceso quedaría anulado.

Por último, el docente debería estar precavido con las expectativas que él mismo se hace respecto de los alumnos. Estas expectativas originan muchas veces que su propio comportamiento y actitud hacia los alumnos esté influido por ellas, de forma que buscase cumplir la expectativa que él mismo se formó. Es lo que se conoce como efecto Pigmalión; al final la expectativa del docente se cumple, pero no por su sabia predicción, sino porque él mismo ha actuado para que la predicción se cumpliera. Si creemos de antemano que un alumno no superará el curso podemos caer en el error de no ayudarle lo suficiente ni prestarle más atención que a otros porque ya tenemos la idea preconcebida de que el esfuerzo será en vano. Al final el alumno no supera el curso, se cumplió la expectativa pero el alumno no superó el curso por la falta de predisposición nuestra a ayudarle, derivada precisamente de esa injusta expectativa.

 

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