Dentro de un grupo de formación es fácil encontrar alumnos que responden en mayor o menor medida a unos estereotipos. Aunque se conozcan, el docente no debiera precipitarse en sus juicios de valor y encuadrar rápidamente al alumno en alguna de estas categorías pues estas generalizaciones no responden a lo que es la propia individualidad del alumno, y además el rol que cada alumno decide desempeñar es síntoma de unas necesidades, satisfechas en el caso de los roles positivos, insatisfechas en el contrario, pero que si el docente las conoce pudiera quizá satisfacerlas y la actitud del alumno en clase cambiaría.
A continuación damos un ejemplo de tipología de alumnos:
El eterno preguntón: Es aquel que quiere anteponerse o conocer a fondo nuestra opinión y trata de hacernos aceptar su punto de vista. El docente ha de tratar de remitir sus preguntas al grupo y no tomar partido.
El querellador: Es aquel que le gusta herir a los demás y es agresivo. El docente ha de permanecer tranquilo ante sus provocaciones y tratar de hacerle calmar por el grupo. Se puede utilizar la excusa de la falta de tiempo para no tratar con él temas que puedan ser especialmente conflictivos.
El embrollón: Partiendo de un tema quiere liarlo todo y tratar una problemática ajena a la que se trata en el grupo. .El docente ha de intentar diferenciar lo que hay de bueno y malo en sus intervenciones e interrumpir estas intervenciones con cierto tacto pero impidiendo su continuo protagonismo.
El obstinado: Es aquel que no acepta renunciar a su opinión y no acepta el punto de vista de los demás. Hay que tratar que no desuna al grupo diciendo que es después cuando se tratará el tema que a él le interesa.
El sabelotodo: Quiere impresionar, a veces por estar bien informado aunque otras por ser un simple charlatán. Hay que reforzar la confianza del grupo para que este no se deje imponer este tipo de participación. Por otro lado el docente puede detener a este participante haciéndole preguntas difíciles.
El mudo: Es aquel que se desinteresa de todo, bien por creerse por encima o por debajo de los asuntos tratados. Hay que pedir su participación pidiéndole su opinión, o utilizar al grupo para que sea este quien le absorba a preguntas.
El chic: Siempre está dispuesto a ayudar al docente, seguro de sí mismo y convencido de su tarea. Es una ayuda muy valiosa sobre todo en las discusiones; debemos utilizarle frecuentemente y darle las gracias aunque sin que parezca un privilegio con respecto a los otros integrantes del grupo.
El charlatán: Habla de cualquier tema de una forma incontenible. Debemos tratar de interrumpirle. Podemos tratar de hacerlo cuando tome aliento para respirar, o mirar el reloj y atrincherarse en la falta de tiempo.
El tímido: Hay que hacerle preguntas lógicas y sencillas para que tome confianza y resaltar ante el grupo sus aportaciones.
El tipo de ideas fijas: Tiene manías y las demuestra sin parar. Es susceptible cuando se le oponen. El docente ha de tratarlo con cuidado aprovechando sus ideas interesantes pero sin herirlo cuando se vuelva obstinado.
El tipo evasivo: Es aquel que es distraído y distrae a los demás con sus improvisaciones. Debemos interrumpirle con preguntas fáciles pero dirigiéndonos a él directamente y por su nombre.
El tipo de cuello duro: No le interesa lo que en el grupo ocurre y se sitúa como observador, fuera del grupo. El docente no debe herir su susceptibilidad y sin criticarle usar la técnica del "sí, pero...".